Y como el objeto que ha regresado a quien lo ha masticado por primera vez. Como quien se repliega de tanto dolor que abrasa los últimos alientos de pasión. Perdido, vacilante frente a lo que han estado llamando realidad. Estúpida, idiota, delirio. Si es que al menos el delirio quisiera albergar este cuerpo en su lecho, seria pues un afortunado, no seria huérfano de toda esta realidad que nunca me ha tomado, ni siquiera por sorpresa, ni siquiera rozado. Y de todo ese terror que han estado infundiendo, pues es ese terror por lo único que he sido causa. Es ese terror el que me ha estado habitando, esa no mirada, donde ni la paranoia me ha buscado. El camino se me presenta violentamente, una, dos, cien, miles de preguntas. Y aunque un costado de esta existencia desea, desea tener noticia de que esas voces algún día dejen de llamar, dejen de habitar este cuerpo, dejen que la falta sea al menos parcial, que me arroje con ella a la vida, a lo que tanto quiso este cuerpo rozar. Como una ficción, una más que se acumula en este cuerpo, una más porque nunca se es muy, mucho, bastante, demasiado. Se me interroga: ¿Cuan grande debe serlo? ¿Cuan grande debe ser ella para al menos dejarme ser?
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