« ¡Prefiero estar sentado en el tonel bajo un cielo cubierto, prefiero estar sentado sin cielo en el abismo, que verte a ti, cielo de luz, manchado con nubes pasajeras! » Friedrich Nietzsche
lunes, 16 de junio de 2014
pasillos
Perderse entre los pasillos del pabellón, entre las luces que merodean esta ciudad, la ciudad que creo mía, la ciudad que contiene las intensidades de uno, dos, veinte, miles de cuerpos, aquel océano de sentires que me despedaza día a día. Cierro los ojos ante tanto movimiento, me precipito a la mirada, busco la sensación de alivio. Busco aliviar, aliviar la angustia que atormenta. Busco el árbol, busco la música, un manojo de vibraciones de aquel animal suave, la boca moverse, la boca de una existencia que no ha sido corrompida aun. La existencia curiosa que me susurra al menos en mis fantasías, desearía que lo haga en mis sueños mas livianos. La ficción diaria de enamorarse de tan sublime existencia, de acariciar algún día los cabellos de tan perfecto animal, la naturaleza, el árbol, el agua que recorre la mejilla, la mitad aclamando, el denso barro pegando contra el pavimento. Un día quizas para volar o levitar o flotar, volviendo, volviendo algún día a la vida que tuve, que ya se ha ido y que nada quiere saber con volver a habitarme. Y una lagrima que se sale de si, quiebra la masa amorfa de la ficción de un único sentir que pretende gobernar el cuerpo. Estallar en mil llantos, romper, rasgar la fachada con la que el cuerpo viene cargando. Soñar con arboles a la vuelta de casa y con una existencia que arranca el día levitando, con una existencia que tan solo se mueve con el viento, acariciándolo, acabando junto a él.
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