Se agrieta la piel al pensar cómo aliviaría a un cuerpo el no deber necesitar de certezas para pisar este mundo, vivir despojado de ellas, nómade levitando en una esfera que no cuadra, una locura merodeante.
Con la poesía no se acuerda, ni tampoco se esta de acuerdo, lamento que solo sea cuestión de gustos. No había podido escuchar la canción, esa canción, hasta el día de hoy. No se porque, ni qué llevo a tal negación, quizás había sido que ya no la extrañaba, quizás la había reemplazado por la canción, quizás había aceptado que solo había sido un instante de vida, un destello entre tanta incertidumbre. Una lengua amarga de respuestas, sorbos de miel de un amago probar, quisiera hundir mis dedos allí, quisiera que los pies se hundieran en la viscosidad misma, quisiera que ella me diga que me quedara allí para toda la vida, que me anunciara que había sido capturada por ella, que seria rehén suya para siempre, hasta que la miel muera, hasta que la incertidumbre se vuelva día, hasta que vuelva a escuchar la canción, hasta que vuelva a significar lo que he estado perdiendo.
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