jueves, 31 de octubre de 2013

Jardin

Creo encontrar la cabeza desordenada, algo perdida. Aunque los parpados me pesan creo que no podre dormir como lo he hecho ayer. Cerré los ojos, conté hasta tres, diez, cinco y volví a contar. No entiendo. Dudo. Prosigo. Escucho la voz. Escucho la música, el ruido del jardín. Pregunta que merodea la cabeza. Respuesta: ninguna. Preguntas: varias, muchas, infinitas. No puedo darme el lujo de dudar, no puedo darme el lujo de cantar, de pasear por ese jardín como si no lo hubiese visto. Todos lo vimos, todos. Todos lo vimos pintar, todos lo vimos caer por primera vez. Todos te vimos cubrir la entrada. Todos te vimos saltar por la ventana. Huyendo de las sombras. ¿Qué es lo que nunca sabemos de los finales? Se ha ido. Esta vez no se perdió, esta vez saltó y se fue. Quizás en alguno de mis sueños lo siga. Me lanzare a través de esa ventana gris y me arrojare al verde pasto. Verde que se que estará esperando por mi. Siempre ame el verde. Y cuando digo siempre, es desde que esta existencia a comenzado a susurrarle a las flores y a los frutos que asomaban la piedra del jardín donde he pasado estos días y noches. Jardín que yace a mi derecha, derrama olor y que tanto me ha hecho llorar, jardín que a regado mis días con pequeñas flores, jardín que me ha estado abrazando.

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