domingo, 3 de noviembre de 2013

Complicidades. La amistad y el eco

¿Hacia donde se dirigen estas palabras? 
Me deje llevar y las solté...

Ayer, una voz me susurró acerca de la amistad. Enigma. Lo mantuve merodeante mientras viajábamos en tren, llegue a casa, tomé el primer libro que vi. Como si me hubiese estado esperando, lo abrí en la página 79 y comencé a hundirme.

Hablaba de la amistad, esa fue la primera palabra que vislumbre. Luego una oración: "Más vale ser ortiga al lado de mi amigo, que convertirme en su eco". La condescendencia brotaba de esas viejas y arrugadas paginas, una amistad benevolente, amable que invitaba a elegir entre ser ortiga o eco. Como si en la fusión, el choque de dos peculiares naturalezas se pudiese elegir. 

Este es el lujo que me permito, y como dice Emerson: “Todos nosotros somos sinceros cuando estamos solos, en cuanto se presenta otra persona en escena, empieza la hipocresía" No se si estaré sola, si una, dos, tres, diez o mil voces merodearan este lecho. Pero qué más sincero que sentir las palabras deslizarse por esta boca, saltando, nadando en saliva, rogando no ahogarse, rogando partir, chocar contra la débil piel que vela el rostro. Querida amiga, o decir querida voz amiga que me balbuceas mientras apartas la mirada. No te vayas vocecita.. no aun. 
Muevo la mano, un libro rojo se desliza por la madera. Pienso en la querida voz. Sí, estas manos escriben y piensan en ti. Emerson se adelanta, sus hojas amarillas me dicen: “ No buscamos a nuestro amigo de sagrada manera, sino que adulteramos la pasión que nos lo atraería. Todo es en vano. Nos hallamos armados hasta los dientes por sutiles antagonismos, los que tan pronto como lo encontramos, comienzan a ponerse en juego, trocando toda poesía en rancia prosa. Casi todos nosotros descendemos a tal encuentro”
Yo, ¿Yo? desearía que la amistad no tuviese pies, ojos y elocuencia, este cuerpo la desea por momentos silencio. Quizás aún no este madura, quizás esta piel ya se encuentre demasiado arrugada. A veces quiere ser una simple piedra que no haga más que alojarse en este entre, que no tenga que soportar miradas, cosquillas, tristes desgarros, sangre, dolor, ansiedad. Sin agitar su cuerpo, sin temblores ni vergüenzas. Un obstáculo suyo. ¿Es así como se siente? Sin hipocresía, sin sonrisa, sin dudas. Sola, sola con la música y el libro de las hojas amarillas. ¿Es así como se siente? Las dudas vuelven, el cuerpo sigue levitando, nunca se fue, siempre estuvo acá. La música sonó y con ella el cuerpo cayó. No quiero volverme eco, por favor, no.

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