miércoles, 9 de octubre de 2013

Deseo

Recuerdo haberme dado la vuelta unas tres veces para ver si ahí, en ese mismo lugar te encontraría. Decidí subirme en la amnesia misma de viajar con un par de extraños conocidos, extraños porque una parte de mí se alzaba con un intenso temor a rozar sus pieles. Pensaba que los hábitos que nos rodeaban eran los mismos que habían estado gobernando nuestras existencias. Lo único que me mantuvo ahí, arriba, sentada fue el encanto que traía el albergar lo que sucedería. El cosquilleo de la misma ansiedad que me rozaba, la incertidumbre que iba provocando cada una de mis extremidades. Creo que por ello estoy aquí, viva. Por ello digo que camino, por todo ese encanto yo me muevo, mis dedos se articulan con el fluir de esta sangre y mis ojos se colman, se colman de algo, de una intensidad, algo que ustedes llaman lagrimas pero yo llamo vida. La afectación de los cuerpos, el dolor y las marcas. La memoria que porta este cuerpo, el calor y la superficie, los bordes que penetran en las cavidades, se hunden e intensos perduran en la superficie deseando, anhelando algún día cavar mas profundo para amanecer con ellas en el interior del cuerpo. Recuerdo ese día, el día en que por primera vez reflexioné sobre la manera en que desarticulabas todo mi cuerpo cuando me hablabas. El extraño temblor que se disparaba, la incesante intranquilidad que me gobernaba. Ese día, salimos por puertas separadas. Yo caminé hacia las vías y vos no miraste hacia atrás, me arrastre hacia el vagón y te vi. Vi aquello que tanto anhelaba, te vi y dejé de quererte. El deseo se deslizó por la ultima baldosa de aquellas viejas vías. La gente ya no permitía mis pasos, la extrañeza fue gobernando los senderos que recorría, mi barrio ya no era mio. El descubrimiento de no ser yo la que recibía esas miradas creció en mi interior, terminó condenándome a una incesante paranoia que me empujaba a permanecer en el desasosiego. Comencé a perderme. Cansada, decidí aceptar que ya no quedaba mas nada allí, en aquel rincón donde alguna vez me habías mirado, aquel rincón donde algún día yo te había deseado, y con ello me había deseado a mi misma.

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