Me encuentro mirando la luz, la bandera que se alza sobre el muro blanco, las nubes que merodean mi lecho, la húmeda noche que moja mis sueños coloreados. Las lágrimas que comienzan a brotar, escucho esa extraña cosquilla que atraviesa mis oídos todas las noches. Por momentos me incomoda, resulta extraña pero agradable. El frío comienza a adueñarse de todas mis sensaciones, mas aun cuando la lagrima que recorre toda mi mejilla culmina su recorrido y cae.
Como un niño que se cansó de que le digan Adiós, emprendo mi camino. Como un constante capricho caigo una y otra vez. No logro encontrarme con aquella imagen, no logro ubicar ese pensamiento que alguna vez gobernó mi mundo, perdido entre la multitud descansa. Emprendo la búsqueda, impaciente, ansiosa, deseo con todas mis fuerzas algún día alcanzarte, pero estos días últimamente no hacen más que dialogar con la fuerte lluvia que acarrear toda mi miseria. La tristeza comienza a brotar, como un denso sudor que no quiere limpiarse de la pálida piel permanece dentro mio, me rodea y termina por acorralarme. Me encuentro mirando la luz, esta vez me doy cuenta de que no podre atisbar aquello que va a acabar con mi vida. Caigo y esta vez no me levanto, como una molesta pesadilla vivo ensoñada, somnolienta lavo mi cara, mis ojos que entre lagrimas se despegan de la piel. Debo abandonarlos porque no logro encontrarme entre tantos y no quiero ser la última. Todo me parece extraño, no puedo encontrar nada, ni mi moral ni la verdad, ni lo bueno o lo malo, los he perdido, los perdí a todos. Ya no los siento conmigo, se han ido esta vez, me abandonaron, los he reemplazado porque ahora gobierna mi ser el placer de estar perdida, la comodidad de vagar, merodear, acechar, adueñarse de lo prohibido. Esta vez he caído, sí creo que he caído, con mis últimas fuerzas abandono la vergüenza y mi orgullo y comienzo a apartarme.
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