¿Hay lugar para los apasionados?
¿Hay tierra en estas ciudades para quienes desean anclar sus densas raíces? ¿Lugar para las existencias dispuestas a oír los afectos que como eco golpean los cuerpos?
Las condenas de aquellos que no hablan se pagan con los cuerpos. Cuerpos cansados, debilitados por andares que cargan con miradas que sancionan normas. Habrá un tiempo donde las sensibilidades no tendrán que esconderse ni avergonzarse de sus lagrimas, ni pedir por perdón... ¿Habrá?
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