Hoy. Un frío Martes de Junio. Me encontré aquí y allá. En el vagón con el viento violentando mi rostro arrancándome algunas lágrimas, en el camino de piedras pequeñas, en casa, en el almacén, contigo, aquí y en todos lados. Hoy puedo hablar porque aquello que sale de mi boca se agolpa, tropieza en saliva. La lucha encarnada, hoy librada al azar, un interminable dialogo. Esto parece no querer despojarse de mi. Hoy, decido no callar más porque la bestia que clama en mi interior se asoma por las noches cuando lloro. No sé por qué deseas acompañarme en este camino. Me has estado arrojando detalles. Hoy puedo verlos, ,me recuerdan a ti, los recorro con la mirada y siento tu aura, me acuerdo de cómo encandilabas la entrada de casa. Me acuerdo de mama reír. Me acuerdo de como ella y su inocencia te amaron. Hoy, la tristeza me embarga. La tristeza de saber que nunca la veré reír de aquella manera porque así reía solo contigo. Me acuerdo de tu calor, de tu transpirada frente siempre en alto. De tus valiosas anécdotas, de tu desgarrada vida, de tu recorrer, de tus días y largas noches. De tus mujeres, de tus vicios, de tus intensos amores, de tu amor a la vida, de tus charlas con la muerte, de tus viajes, de tus revistas, tus poemas, tus cuentos y escritos. Me acuerdo de todo, del dolor que traías, de la tristeza, la bronca, el egoísmo y la injusticia, me acuerdo de todas ellas y más. Me acuerdo de ese día en que te vi, recostado, pálido pero aún sonriente. Me acuerdo de ti, todavía lo hago, aún no es tarde. Todavía no te has convertido en un recuerdo más, perdido entre los hombres de mi vida. Todavía tienes un lugar destacado junto a la estrella que merodea mis noches. Todavía te huelo, te huelo en cada detalle porque alguna vez dijiste que en ellos estarías, y en ellos te encontré. Te siento aquí, al lado mio, escribiendo. ¿Realmente estas aquí? En cada detalle, en cada pluma te veo. Hoy te escribo. Te escribo porque te vi, te escribo porque uno de tus detalles se ha librado del tormentoso viento y logró cruzar mi camino. Hoy te escribo porque al verlo su color me recordó a tus últimos cabellos. Tu último aliento de vida, tu último chiste. Tu último gesto, la última sonrisa. Mi última fotografía contigo. Estas en mi piel, en mis articulaciones, en mis dedos, en el calor de mi mano cuando escribo con fuerza esto, estas aquí, en cada arruga, te agitas en la superficie. Te siento, no me engañes porque yo lo sé. No me juegues alguno de tus viejos trucos porque yo se que estas aquí. Mi imaginación es grande pero esto no logra alcanzarla, esto es real, es mi sangre, mi carne. Soy yo. Estás dentro mio. Una parte de tu inmenso mundo de detalles pervive en mi interior. Ellos me habitan, lo se. Me habitan porque desborda en mi la pasión que enraíza las palabras a esta boca. Déjame creerlo, déjame construir mis propios castillos en este denso aire que se agita todas las noches, mi propio mundo, mi mundo imaginado. Mi analogía contigo. Mi vida, mi libro que narrar, mis detalles librados al azar. Miles de fragmentos que atraviesan un cuerpo que aun se mantiene, un cuerpo que se alimenta de recuerdos, un cuerpo que recuerda. Detalles aguardando ser descubiertos, aguardando un cuerpo que los habite. Un cuerpo conocido, mi sangre y la sangre de varias generaciones, las palabras y su alma fluyendo, empujando un mismo cuerpo. Quizás mi nieta. Mi nieta algún día escribiendo, descifrando el enigma de encontrarme para siempre en aquellos detalles, como hoy, un frío martes de Junio lo hago yo contigo.
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